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La alta velocidad se acerca a Asturias

24 años después de su concepción

 

La variante de Pajares no verá pasar viajeros comerciales hasta finales del año que viene, si la realidad técnica de una de las obras de ingeniería más complejas de Europa no desbarata nuevamente los compromisos de la Administración. Pero que mañana, lunes, se realice el primer viaje oficial entre La Robla (León) y Campomanes ( Asturias), aunque sea algo simbólico, ya sitúa la alta velocidad ferroviaria muy cerca del Principado, tras un largo recorrido, de 24 años.

El estudio previo de la variante data de 1997, aunque el proyecto no se licitó hasta el 21 de febrero de 2003, con un presupuesto de 1.085 millones de euros y un plazo de ejecución de cinco años. Pero hicieron falta cuatro gobiernos y siete ministros, ya sea de Fomento o de Transportes, para que se viera la luz al final de los túneles de Pajares. Los cambios políticos, las modificaciones técnicas, la crisis económica y las incidencias geológicas reventaron el calendario y el presupuesto de la obra, en la que ya se llevan invertidos a día de hoy 3.716 millones.

La primera dovela de la llamada variante de Pajares la pusieron los entonces ministros del PP Francisco Álvarez-Cascos y Rodrigo Rato en febrero de 2004. Con este nuevo trazado ferroviario de 49,7 kilómetros, según prometían los dos ministros asturianos en aquel acto oficial, la alta velocidad (AVE) entraría en Asturias comunicando Gijón y Madrid en apenas dos horas y media. Diecisiete años después, el trayecto en tren entre ambas ciudades dura aún casi cinco horas.

La entrada en funcionamiento de los túneles de Pajares, arteria principal de la variante, permitirá acortar en 45 minutos el viaje que la ministra de Transportes, Movilidad y Agenda Urbana, Raquel Sánchez, realizará mañana en fase de pruebas entre La Robla y Campomanes. Lo que da una idea del avance que esta infraestructura supondrá para las comunicaciones entre el Principado y la Meseta. «Un salto cualitativo», asegura el presidente regional, Adrián Barbón. «La mayor obra de Europa», anunciaba en su día Cascos.

Aunque él puso la primera piedra, o dovela, en el año 2004, las tuneladoras no empezaron a excavar hasta el verano de 2005, con el socialista José Luis Rodríguez Zapatero en La Moncloa. Una gran fuga de agua y lodo, al poco tiempo de arrancar los trabajos de perforación, ya presagiaba que el camino del AVE a Asturias iba a ser tortuoso.

Las filtraciones se sucedieron a lo largo de los años, además de producirse desplazamientos en el terreno que también obligatoron a realizar obras adicionales: de impermeabilización, en el interior de los túneles, y de estabilización, en el exterior, en la ladera de Campomanes. En los despachos, mientras, se libraban otras batallas. La falta de presupuesto en los tiempos de crisis y las discrepancias políticas sobre el tipo de vías que debían instalar también complicó el avance del proyecto, pensado inicialmente según los estándares europeos de alta velocidad.

Los túneles de Pajares, entre los colosos subterráneos del mundo con 24,6 kilómetros de longitud, entrarán en servicio simultáneamente con una configuración de ancho estándar e ibérico en su tubo este y de ancho ibérico con traviesa polivalente, en el oeste. Se pretende así combinar el tránsito de viajeros y de mercancías, que ya no tendrán que circular por la obsoleta rampa de Pajares, sin afectar a los tiempos de viaje.

La traviesa polivalente del lado izquierdo permitirá, además, cambiar las vías a ancho estándar -el tendido específico del AVE- en las fases posteriores de explotación, cuando entren en funcionamiento todas las obras ferroviarias asociadas a la variante de Pajares, como el acondicionamiento del tramo León-La Robla, donde se están realizando ya «auscultaciones» de seguridad con el propósito de estrenar la infraestructura esta semana.

La variante de Pajares está siendo sometida ya a pruebas de fiabilidad, previas al viaje oficial que la ministra Raquel Sánchez realizará a bordo de un «tren laboratorio Talgo BT», al que mañana podrán subirse un grupo muy reducido de personas. Dichas pruebas podrán prolongarse desde cinco meses a dos años, aunque el Administrador de Infraestructuras Ferroviarias (Adif) sitúa a finales de 2022 la fecha en la que estará operativo el AVE asturiano.

Todavía está pendiente, y por tanto hay que rematar, la estación de Lena; el helipuerto de la vertiente asturiana de la variante; las redes de telecomunicaciones; o los sistemas de ventilación y galerías de emergencia necesarias en los túneles, según la legislación europea que entró en vigor en 2014. La idea es que todos estos trabajos se desarrollen en paralelo a las pruebas de seguridad.

También se realizan labores de limpieza mediante vagones con mangueras a presión, para que el polvo no empañe, como ya ocurrió en otros lugares y ocasiones, el viaje de la nueva ministra de Transportes a través de la variante de Pajares. Pero el polvo resulta anecdótico cuando aún está por resolver algo fundamental: si el AVE llegará a Oviedo y Gijón, tal como se prometió hace 24 años, o finalmente se quedará a las puertas de Asturias, en Pola de Lena. Todo apunta a que este asunto se encuentra, de momento, en vía muerta.

 

 

 

 

 

 


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